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jueves, 11 de enero de 2018

Conociendo nuestra historia...17 de diciembre de 1830

Conociendo nuestra historia...17 de diciembre de 1830

DAMELIS GASPAR

Carúpano. El profundo dolor que le produjo el asesinato del gran mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, determinó el agravamiento de los males y dolencias del Libertador Simón Bolívar, por tal motivo sus amigos le aconsejaron el abandono de Cartagena. En busca de un clima mejor, el General Montilla obtuvo en calidad de préstamo, del español Don Joaquín de Mier, la casa de recreo de éste, situada en Santa Marta. En camino hacia Barranquilla sus quebrantos y males empeoraron, con dolores en el bazo y en el hígado, con reumatismo, delgadez, debilidad, falta de apetito, tos, irritación de pecho. Desesperado por su enfermedad Bolívar hizo avisar al capitán del bergantín Manuel, de propiedad del hidalgo de Mier, conducirlo a Santa Marta, a la mayor brevedad posible, donde llegó el día primero de diciembre de 1830. Donde lo esperaban las autoridades de la ciudad y don Joaquín de Mier, en cuyos rostros se dibujó solo lástima al contemplar al Libertador de Venezuela, casi moribundo, temblorosos y con los ojos brillantes por la fiebre. De allí, fue trasladado a la antigua casa del consulado español en la ciudad, donde lo visitó por primera vez el Doctor francés Próspero Reverend. El seis de diciembre el Libertador continuó hacia la quinta del Marqués de Mier, a San Pedro Alejandrino, donde el interior de la casa le recordó a la gente de España, de las que descendía y también, todas las ofensas e injusticias de que había sido objeto en los últimos tiempos por parte de sus compatriotas, a raíz de esto, se escapó de sus labios la siguiente  frase amarga: "Los tres grandes majaderos de la humanidad hemos sido: Jesucristo, Don Quijote y yo..." Para el ocho de diciembre, según el Reverand presentaba fiebre con más fuerza, hipo y quejidos. Para el nueve de diciembre, aprovechando los momentos de lucidez llamó a su secretario y en presencia de los oficiales que no habían querido abandonarle, dictó su última proclama para sus compatriotas, que en determinada parte, decía..."He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono!. Además, ...Colombianos! Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro". La salud del Libertador empeoraba y empezó el delirio precursor de la agonía..."vámonos, vámonos, exclamaba, esta gente no nos quiere en esta tierra..."
El 17 de diciembre de 1830, a sus 47 años, a la una en punto de la tarde, expiró el Libertador, el más grande de los hombres de América, quien añoró un pueblo libre, fuerte y virtuoso.


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